Artículos de historia

El discurso de la reina Elizabeth I en Tilbury

Por Verónica de la Cruz, redactora de contenidos en Britania for you

El 8 de agosto de 1588, la reina Elizabeth I de Inglaterra pronunció uno de los discursos políticos más populares y brillantes de la historia. Escrito por ella misma, al igual que la gran mayoría de sus discursos, se dirigió a las tropas reunidas en Tilbury (Essex), quienes aguardaban la llegada de la temida armada invencible española. Se trataba de la mayor flota de guerra que se había conocido hasta entonces y pretendía atacar Inglaterra. También iba dirigido al pueblo inglés en general y a los nobles que la acompañaban.

Existen varias versiones de este discurso, pero el que se considera como el original fue encontrado en una carta de Leonel Sharp al duque de Buckingham. Fue publicado en 1654 en una colección titulada “Cabala, mysteries of state” y se conserva una copia de finales del siglo XVI o principios del XVII aproximadamente en la “Harleain Collection” de la British Library en Londres. He aquí el discurso en versión original y justo debajo, una traducción al castellano realizada por mí:


My loving people,

We have been persuaded by some that are careful of our safety, to take heed how we commit our selves to armed multitudes, for fear of treachery; but I assure you I do not desire to live to distrust my faithful and loving people. Let tyrants fear. I have always so behaved myself that, under God, I have placed my chiefest strength and safeguard in the loyal hearts and good-will of my subjects; and therefore I am come amongst you, as you see, at this time, not for my recreation and disport, but being resolved, in the midst and heat of the battle, to live and die amongst you all; to lay down for my God, and for my kingdom, and my people, my honour and my blood, even in the dust.

I know I have the body of a weak, feeble woman; but I have the heart and stomach of a king, and of a king of England too, and think foul scorn that Parma or Spain, or any prince of Europe, should dare to invade the borders of my realm; to which rather than any dishonour shall grow by me, I myself will take up arms, I myself will be your general, judge, and rewarder of every one of your virtues in the field.

I know already, for your forwardness you have deserved rewards and crowns; and We do assure you on a word of a prince, they shall be duly paid. In the mean time, my lieutenant general shall be in my stead, than whom never prince commanded a more noble or worthy subject; not doubting but by your obedience to my general, by your concord in the camp, and your valour in the field, we shall shortly have a famous victory over these enemies of my God, of my kingdom, and of my people.


Mi querida gente,

Algunos nos han insistido en que vigilemos nuestra seguridad, que tengamos cuidado al mezclarnos entre las multitudes armadas, por temor a la traición; pero os aseguro que no deseo vivir desconfiando de mi fiel y amada gente. Que teman los tiranos. Siempre me he comportado de manera en que, bajo Dios, he puesto mi principal fortaleza y salvaguardia bajo el cuidado de los leales corazones y buena voluntad de mis súbditos; y así he acudido aquí entre vosotros, como podéis ver en este momento, no para divertirme o recrearme, sino para estar en medio del calor y el fulgor de la batalla, para vivir o morir entre vosotros; para rendir cuentas a mi Dios, mi reino, mi gente, mi honor y mi sangre, incluso a la tierra.

Sé que mi cuerpo es el de una mujer débil y extenuada; pero poseo el corazón y las entrañas de un rey, y de un rey de Inglaterra también, y condeno profundamente a Parma o a España, o a cualquier príncipe de Europa que se atreva a invadir las fronteras de mi reino; en ese caso la deshonra crecerá dentro de mí, y yo misma empuñaré las armas, yo misma seré vuestro general, juez y recompensadora de cada una de vuestras virtudes en el campo de batalla.

Sé de antemano, por vuestro avances, que merecéis recompensas y coronas; y os aseguramos dándoos la palabra de un monarca, que seréis debidamente pagados. Mientras tanto, mi teniente general ocupará mi lugar, llevando la más noble e importante causa que le he encomendado jamás; no dudo que gracias a vuestra obediencia a mi general, vuestra unidad en el campo  y vuestro valor en la batalla, pronto obtendremos una gran victoria sobre los enemigos de mi Dios, de mi reino y de mi gente.


Retrato de Elizabeth I conmemorando su victoria sobre la armada, tal y como muestran los cuadros detrás de ella y su mano posada sobre un globo terráqueo simbolizando su poder mundial

¿Qué transmite Elizabeth I con el discurso en Tilbury?

Tras haber realizado las correspondientes rondas entre las filas de las tropas, Elizabeth comenzó con su discurso. En un principio, la reina había sido advertida del peligro que podía suponer viajar hasta Tilbury para mezclarse entre las multitudes armadas, dejando atrás un lugar seguro como es la corte en Londres. Pero ésta hizo oídos sordos a las peticiones del parlamento y acudió acompañada por el duque de Leicester y otros tantos nobles de su confianza. Su intención era acercarse a sus súbditos para tener un contacto cercano y así transmitirles todos los ánimos posibles ante el inminente ataque español, enemigo al que veían como superior.

Su aspecto físico es prácticamente tan importante como el propio mensaje del discurso. Existen varias versiones, pero se supone que acudió montada en un gran corcel blanco, sosteniendo en una de sus manos un bastón o porra de oro y plata. Vestía una armadura de guerra, incluyendo el casco con pluma, sobre un vestido de terciopelo blanco que claramente ensalzaba el culto que había crecido entorno a su figura de “reina virgen”.

Elizabeth quiere hacerles saber a sus soldados que confía plenamente en ellos: ella es una luchadora más y está convencida de que gracias al valor de sus soldados obtendrán una pronta victoria sobre el enemigo. En el discurso, destaca la referencia que hace a su condición femenina como monarca comentando que su cuerpo de mujer es débil. Después se reafirma asegurando que no obstante tiene la personalidad de un rey, ensalzando así su figura de poder. En aquellos tiempos, un buen monarca debía reunir cualidades físicas y psíquicas de fortaleza para ser un buen gobernador y ella lo sabía, por eso se define como rey y reina a la vez, todo en uno. Todo un desafío de género para la época.

Continúa expresando su repulsa hacia el enemigo, aludiendo al duque de Parma, quien dirigía la armada, y también a España. Jura que si alguien osa invadir sus territorios, ella misma cogerá las armas y peleará hasta el final, a vida o muerte. De nuevo, se encuentra poniéndose a la altura de sus súbditos, desea que la vean como una reina valiente, que se implica en la causa poniéndose a la altura de su pueblo y que no se esconde en su palacio mientras otros pelean por ella por defender Inglaterra.

Finalmente, les dice que les deja a cargo del teniente general, que no es otro que Robert Dudley, el conde de Leicester y uno de los hombres de confianza de la reina, además de su amante. Por que sí, Elizabeth no se casó nunca, pero amantes tuvo unos cuantos, aunque de eso hablaré en otro momento. Les indica a sus soldados que tengan en cuenta que las órdenes que reciban de él vienen directamente de la reina, por lo que deben obedecer en todo momento. De nuevo, menciona a Dios y a la fe cristiana como instrumentos de confianza a los que aferrarse para sobrellevar la guerra y obtener una victoria segura, de la que se muestra convencida.

El trasfondo histórico: guerra anglo-española

Este discurso se sitúa en el contexto de la guerra anglo-española durante el siglo XVI. Más concretamente, tuvo lugar mientras las tropas aguardaban un posible nuevo ataque de la flota española restante en Holanda. La batalla contra la armada invencible había tenido lugar días antes en el Canal de la Mancha y ésta se había retirado hacia aguas del Mar del Norte al haber perdido varios de sus navíos. Ahora se dirigía hacia las costas Escocesas para regresar a España rodeando las islas Británicas. Al bajar por las costas de Irlanda, atravesaron una de las peores tormentas de aquellos tiempos, produciendo múltiples naufragios. Así se produjo la derrota definitiva de la armada invencible que el rey Felipe II de España había mandado construir con tanto ahínco.

Varios factores desataron el conflicto anglo-español, pero la cuestión de fondo fue básicamente el control de las colonias en el nuevo mundo. España era un reino fervientemente católico, mientras que Elizabeth I instauró el protestantismo en Inglaterra al iniciar su reinado. Aun así, Inglaterra seguía siendo un país dividido entre católicos y protestantes, de ahí que la reina haga alusión a una posible división interna entre sus propios soldados, quienes podían verse tentados a unirse a la causa católica de los españoles.

Especial importancia tuvo también la ejecución justo un año antes de Mary Stuart, queen of the scots (o María Estuardo, reina de los escoceses, como es conocida en España). Ésta fue acusada de conspirar para asesinar a la reina Elizabeth, ayudada por los españoles. Tal vez este fuera el pistoletazo de salida definitivo para librar una batalla que dejó económicamente arruinados a ambos países, sobretodo cuando Inglaterra envío al año siguiente la contra-armada para atacar España, una flota casi tan potente como la armada invencible. No habiendo un claro vencedor, tras la muerte de la reina Elizabeth y ya bajo el mando de su sucesor Jacob I, ambos países firmaron un tratado de paz.

Un discurso que ha hecho historia

En definitiva, este discurso conserva entre sus líneas la esencia de la reina Elizabeth I y nos sirve para conocerla un poco mejor como persona y como monarca, así como los hechos históricos que tuvieron lugar en aquel momento. Ha trascendido hasta tal punto que ha sido recreado en diferentes medios de comunicación de nuestra cultura actual, tanto en cine, televisión, como en la literatura.

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