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Cultura Británica,  Literatura

El rey Lear de Shakespeare, o las secuelas del narcisismo

Por Verónica de la Cruz, redactora de contenidos en Britania for you

 

Recientemente he leído “El rey Lear” de Shakespeare en versión original. Suelo leer toda la literatura anglófona que cae en mis manos en versión original, pero cuando hablamos de determinadas épocas como la que nos ocupa, el asunto se complica. Y es que, con perdón del bardo de Avon, me llevo mejor con el inglés moderno. 

Dicho esto, inicio esta nueva sección de literatura comentando la tragedia del rey Lear porque creo que es una obra interesante, intensa, repleta de cuestiones y matices que nos llevan a poner a prueba nuestra capacidad interpretativa. Pero sobretodo es intemporal, a día de hoy sigue tan vigente como en el siglo XVII. Os adelanto que este artículo puede contener algún que otro spoiler de la trama, así que avisados estáis.

 

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Retrato de William Shakespeare.

 

La historia se centra en el rey Lear, un monarca legendario que se supone habitó en algún momento de la Britania prerromana, según “La historia de los reyes de Britania” del clérigo medieval Geoffrey of Monmouth, la piedra angular de otros mitos como las famosas leyendas del rey Arturo. Shakespeare y sus contemporáneos conocían muy bien la historia del rey Lear y tomando el personaje, lo maquilló a su antojo en su tragedia.

El soberano es presentado como un anciano déspota, narcisista, impulsivo y con muy mala baba si se le contradice. Dicho de otro modo, de este señor o eres su mejor amigo, o su peor enemigo, las medias tintas no existen para él. Además, puedes pasar de un bando a otro en menos de lo que canta un gallo, según se le antoje en ese instante.

 

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El rey Lear de Shakespeare comienza con el anciano monarca a las puertas de la jubilación, quien desoyendo los consejos de sus amigos más sensatos, decide dividir el reino entre sus tres hijas: Goneril, Regan y Cordelia. Tan solo les pide que primero le digan cuanto lo quieren. Las dos primeras se deshacen en elogios y pomposas palabras de amor para dorarle la píldora, lo que complace sumamente a Lear.

No obstante, la menor de sus hijas, Cordelia, se niega a formar parte de ese circo adulador y simplemente le dice que lo ama como cualquier hija ama a su padre. La pobrecita no sabe lo que ha hecho. El rey la deshereda ipso facto y no quiere volver a saber nada más de ella, así que Cordelia marcha con lo puesto para convertirse en la esposa del rey de Francia y por tanto, soberana del país vecino.

 

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Cordelia, la hija menor del rey Lear, por William Frederick Yeames, 1888.

 

A partir de este punto ya se ha desencadenado la tragedia en el rey Lear de Shakespeare, aunque nadie lo sabe todavía. Se nos van presentando las diferentes escenas y situaciones que crean la tensión dramática que estalla finalmente de una forma cuanto menos salvaje. La ingratitud filial, que para él en un principio estaba encarnada en Cordelia, poco a poco va revelando su auténtica cara y es que sus hijas mayores, que tanto lo adulaban, se revelan como auténticos monstruos.

Aunque demasiado tarde, Lear cae en la cuenta de que ha tomado la peor decisión, movido únicamente por su ego, su necesidad de ser adulado constantemente, víctima de la ira descontrolada y una impulsividad que le lleva a tomar decisiones sin reflexionar acerca de las posibles consecuencias. Son características propias de las personalidades narcisistas. Se habla de ceguera espiritual y creo que no puede ser más acertado en su caso.

 

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Cuadro de William Dyce (1806-1864) que retrata la escena en que el rey Lear vaga lamentándose de su desgracia junto a su bufón en medio de una fuerte tormenta.

 

Paralelamente a la tragedia de Lear, se va desarrollando la del conde de Gloucester, amigo muy cercano al rey. Las similitudes entre ambas historias y personajes son muchas, siendo una de ellas el egocentrismo. Coinciden sobretodo en que no saben, no pueden o no quieren ver las verdaderas intenciones de los demás. Gloucester es engañado por su hijo bastardo, en quien confía ciegamente y ordena matar a su otro hijo, éste legítimo, por creerle a pies juntillas.

Ambos nobles están demasiado centrados en sí mismos y en satisfacer sus propios deseos como para discernir, ni siquiera intuir ligeramente, cuáles son los de quienes les rodean. Ambos son cruelmente engañados por sus propios hijos, que bajo una inocente y falsa máscara, no buscan más que poder y heredar toda su riqueza, de la forma más sutil y despiadada posible.

Y al final, todos los personajes confluyen en una misma explosión de sufrimiento, muertes y desazón, pero son sobretodo Lear y Gloucester, nuestros narcisos, quienes más sufren en sus carnes la miseria, el descenso a los infiernos, como si de un golpe de karma se tratase para que aprendan la lección. Estamos asistiendo a un acto de penitencia y redención de dos nobles víctimas por providencia divina de sus excesos y sobretodo, de su egocentrismo exacerbado. 

Si habéis leído “El rey Lear” de Shakespare me gustaría conocer vuestras impresiones. No dudéis en dejar un comentario más abajo y os animo también a compartir este artículo si os ha gustado.

 

Para saber más:

https://www.sparknotes.com/shakespeare/lear/

 

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